Nostalgia estelar
Deriva luminosa (VII)
Mi cuerpo es ceniza de antiguos soles, genealogía de hornos incandescentes. Cada átomo guarda memoria estelar, y yo, que soy su eco, su quimera, respiro este misterio insondable. La materia también sueña, imagina, la tierra huele a origen, a polvo ancestral. El ojo no se separa de la estrella. Los elementos perciben, el universo se contempla y se inventa en cada forma que lo piensa. Soy la brecha y el puente, hierro que piensa el incendio que lo forjó y lo forja aún. Mi lengua inventa el cosmos que me sueña. Nada existe sin el delirio que lo nombra. ¡Paradoja viviente! Cuerpo de estrellas que sueña su origen luminoso. Yo, carbono que recuerda su explosión, yo, ceniza que se reconoce, yo soy el universo contemplándose a sí mismo.



Que decir que no venga diciendote siempre, me encanta! Muy Rilke, muy Whitman. Hermoso!
¡El fuego eterno de Zoroastro! Alto vehículo que te has mandado, Nicolás. Esas espirales ascendentes y anchas a lo Sor Juana Inés de la Cruz, y el olor a tierra de Walt Whitman desde tierras paisas. ¡El sol sale para todos! ¡Salud!